¿Eres consciente de todo lo que te nutre?
¿Eres consciente del valor que tienen los alimentos en tu nutrición? ¿Y del valor que otros elementos como el ejercicio, las emociones, las interactuaciones, las creencias o el medio, tienen en tu nutrición celular?

Probablemente el porcentaje de importancia en tu nutrición que atribuirías a cada uno de estos elementos colocaría a los alimentos en cabeza. Sin embargo, todos juegan un papel crucial cuando se trata de llevar nutrientes a cada expresión minúscula de tu ser. Y esta realidad consigue incluso desplazar a los alimentos a una posición secundaria cuando todos los demás aspectos están fortalecidos y equilibrados. Esta realidad es tan aplastante que bien nos revela el estado enfermizo de personas con una alimentación que bien podría considerarse tremendamente equilibrada y personalizada bien nos presenta a individuos con una alimentación que consideraríamos un atentado en toda regla y que, sin embargo, gozan de una salud de hierro a su avanzada edad mostrando felicidad y satisfacción en muchas otras áreas de su vida que resultan imprescindibles para nutrirse.

Y, en este sentido, unir una correcta alimentación equilibrada con buenas dosis de afecto y respeto, de cariño y serenidad en nuestras relaciones personales, de plenitud espiritual, de creatividad en nuestro día a día, de movimiento consciente de nuestro cuerpo o de satisfacción laboral, puede impulsar nuestra felicidad de manera exponencial. Si bien es cierto que toda acción coherente y equilibrada para potenciar nuestra salud y felicidad debe partir de nosotros, las acciones de quienes confirman nuestro entorno son tremendamente influyentes. Si ampliamos nuestro círculo de influencia o acción más allá de nuestro alcance, entramos en el área de influencia o acción de las personas más allegadas. Podría considerarse nuestra Familia. Y quienes la conformen depende de aspectos naturales inmutables, pero también de aspectos selectivos variables.

¿Quién es tu familia? La conformen quienes la conformen, asegúrate de que tu interacción con estas personas sea la más enriquecedora posible. Establece relaciones basadas en valores que te permitan sentirte libre, actuar con confianza y honestidad, en las que se respire respeto y tolerancia. Recuerda que estos valores, al igual que la esencia de la vida, no son conceptos estáticos, sino dinámicos e impermanentes que se manifiestan de forma etérea con cada pensamiento, palabra y acción. De manera que, igual que aparecen, se desvanecen. De manera que necesitan ser reinventados con cada gesto. De manera que somos las personas, los seres, quienes les damos vida casi de forma mágica, sin perder un ápice de realidad absoluta.
Así que una muestra de respeto le pertenece única y exclusivamente a un momento y a un espacio, le afecta a un ámbito y a unas personas de forma puntual. No se hace eterno. Necesita ser alimentado, reinventado, recreado en cada gesto. Es nuestra responsabilidad mantener vivos estos valores y una irresponsabilidad e irrealidad esperar que se manifiesten de la nada.
Tanto en acciones individuales como colectivas, tanto en actos que sólo te impliquen a ti como en aquellos que afecten a más personas, mantén el compromiso de alimentarte con buenos valores, de potenciar tu felicidad con determinación y confianza. Es así como conseguirás el estado óptimo de equilibrio en tu vida que permita a tu medio interno trabajar con eficiencia para nutrir cada célula que te compone. Una mente sana y calma permite aportar claridad funcional al cuerpo, favoreciendo la comunicación de todo tu cuerpo a través de un sistema nervioso fuerte y tonificado.

En familia, aliméntate, pero siempre siempre… Nútrete.

Elige ser feliz. Puedes… ^_^

Cambios out. Cambios in.
Vuela alto y en equilibrio

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