¿Cuánta cantidad de alimentos debemos comer para estar saludables, vitales y limpios por dentro y por fuera? Probablemente diez veces menos de lo que ingerimos actualmente, si no menos, aunque todo depende de las particularidades específicas de cada individuo.

Biológicamente estamos “diseñados” para rendir física e intelectualmente (y además evolucionar), ingiriendo muchísima menos cantidad de comida de la que tomamos a diario. De hecho, los excedentes, el desarrollo de la industria alimentaria y la apertura del mercado en este ámbito, nos invitan a ingerir grandes cantidades de alimentos, sobrepasando en exceso nuestras necesidades, haciéndonos sentir seguros y confiados de que no pasaremos hambre de esta manera, de que nuestro cuerpo tendrá todo lo que necesita.

Y claro que accedemos. Accedemos a consumir en exceso de forma inconsciente porque nuestro cerebro quiere hacerse con todas las reservas que existan y no llevarse sorpresas así. Pero lo hacemos de forma obsesiva, sin consciencia alguna de lo que hacemos, sin atender a necesidades biológicas y mucho menos a razones lógicas que justifiquen nuestro beneficio en aspectos de salud, de seguridad, de nutrición, de bienestar, de estética e incluso de reproducción. Saturando nuestro sistema digestivo, no sólo con cantidades excesivas de comida, sino con alimentos desnaturalizados, carentes de enzimas digestivas, nutrientes que ayuden a descomponer o asimilar lo que tomamos, conseguimos someter a nuestro organismo a un constante desgaste energético y de recursos, a una intoxicación leve continua y a una pérdida de facultades que van desde habilidades físicas hasta intelectuales, sin olvidar la capacidad de gestionar las emociones. De ahí que el origen de muchas de las afecciones o dolencias que merman las capacidades de la mayor parte de la población actual (desde la hipercolesterolemia a ciertos tipos de depresión), esté en una alimentación desequilibrada. Es muy frecuente que las personas estemos desnutridas al mismo tiempo que sobrealimentadas. ¿Curioso, verdad?

Y bueno… Hay días en los que no necesitas comer tanto como acostumbras y no por eso vas a presentar carencias nutricionales o energéticas. De hecho, tu sistema digestivo te lo agradecerá y podrás incluso experimentar con más energía. Empieza por experimentar y escuchar a tu cuerpo para luego educarlo.

Experimenta con una comida así de ligera y observa cómo te sientes. Y, si tienes hambre al poco tiempo de haber comido (deja pasar dos horas como mínimo), ¡vuelve a comer algo ligero! Come cuando realmente tengas hambre, pero como poco y alimentos lo más frescos y naturales posibles, asegurándote así un aporte nutritivo de calidad.

Sugerencia:

  • 1 Aguacate maduro
  • 1 Tomate madurado en rama (deliciosos)
  • Albahaca fresca
  • Cebolla roja fresquita y jugosa

Todo aliñado con aceite de pipa de calabaza y oliva virgen, sal marina, pimienta negra y vinagre de manzana.

Elige ser feliz y estar saludable.

 

Higiene del hogar "esencial"
Potencia tu salud planificando un poco tus comidas

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